Emprendedores 2019


Cristian Quiñao Antriao

ARTMETAL: FORJANDO SU PROPIO CAMINO
Este empresario ha llevado hasta la perfección el diseño y fabricación de artículos en metal, donde el toque personalizado da garantía de una obra exclusiva y propia de un auténtico artesano.

San Antonio loteo 1, San Pablo

artmetal.ltda@gmail.com

 

Calderas para calefacción central, estufas a combustión, quinchos, parrillas, estructuras y obras menores en fierro y variadas decoraciones en metal son algunos de los finos productos que salen de las inspiradas manos de un auténtico artesano que a punta de talento, esfuerzo y sudor se ha ido ganando un destacado espacio en el mundo del diseño y fabricación de artículos de metal. Se trata de Cristian Quiñao Antriao, joven oriundo de la localidad de San Pablo, en la Provincia de Osorno, que ha hecho de la forja en fierro un arte no sólo para sustentar su vida, sino también el espejo donde se reflejan cada uno de sus anhelos y sueños. Como egresado del área de construcciones metálicas del Liceo Industrial “Ricardo Fenner Ruedi”, de La Unión, y luego de desempeñarse en diferentes empresas del rubro que lo condujeron hasta Santiago, Cristian decidió hace cuatro años dar el paso para independizarse y comenzar a forjar su propio destino. “Me atreví más por una necesidad porque digamos las cosas como realmente son: el soldador, en general, es mal remunerado, sobre todo, en el sur del país. Por esa razón decidí, primero, irme a Santiago, y después convertirme en mi propio jefe”, cuenta mientras comparte una completísima colección de fotos, en su fanpage, claro está, con cada uno de sus trabajos que fácilmente superan las 50 obras. Con orgullo nos cuenta que desde Rancagua hasta Puerto Natales andan algunos de sus trabajos, los que inició fabricando allá por el año 2014. “Si Usted tiene alguna idea en su memoria, para tener algo exclusivo, un bosquejo o una fotografía es suficiente para comenzar a diseñar y luego fabricar el producto que necesita”, invita con absoluta convicción garantizando cada uno de sus trabajos. Pero como todo emprendimiento, los inicios no fueron sencillos. Con cierta nostalgia cuenta que su primer taller estuvo ubicado físicamente en la casa de sus padres, a quienes les solicitó que lo autorizaran para poder ocupar un rincón del patio y poner en acción martillos, esmeriles, yunque, fragua y dar vida a sus primeras creaciones. “Mis primeros trabajos me dieron sólo para pagar el arriendo de las herramientas, porque no tenía nada, fue en ese momento que comencé a valorar lo que hacía”. “He ido mejorando la técnica a medida que voy haciendo más y nuevos trabajos, pero si de algo estoy seguro es que pasteleros a sus pasteles”, dice, revelando que lo más difícil a sido llevar la administración de su negocio. Los anhelos de este joven forjador y emprendedor apuntan a continuar prosperando para apoyar a su familia y poder sustentar la suya cuando sea la hora, mientras tanto la fragua y el fierro al rojo vivo seguirán entregándose a sus virtuosas manos que darán forma a un sueño que se hará realidad.